La comunidad de nuestra parroquia vivió este pasado sábado una de las noches más especiales y emotivas del año. La Gran Vigilia Pascual, la «madre de todas las vigilias», en la que nos congregamos en el templo para celebrar el triunfo de la vida sobre la muerte.
Una celebración solemne y participativa
La luz del Cirio Pascual fue abriéndose paso en la oscuridad, simbolizando la Resurrección del Señor. La ceremonia, marcada por la solemnidad y el recogimiento, contó con la presencia de todos los sacerdotes de la parroquia, quienes presidieron y acompañaron la liturgia de manera conjunta.
Queremos destacar la impecable labor de nuestro numeroso grupo de monaguillos. Su ayuda y dedicación fueron fundamentales para el buen desarrollo de una de las liturgias más complejas del año.
El templo se quedó pequeño ante la gran respuesta de los feligreses, que participaron con fervor en los cantos, las lecturas y la renovación de las promesas bautismales.
El dulce broche final: Chocolate con monas
Como ya es tradición en nuestra casa, la alegría espiritual se trasladó después a los salones parroquiales. Al finalizar la celebración, pudimos compartir un momento de convivencia y fraternidad disfrutando del acostumbrado chocolate con monas.
Fue el cierre perfecto para una noche de júbilo, donde las risas y las felicitaciones entre vecinos y amigos reflejaron el verdadero espíritu de la Pascua.
«¡Aleluya! El Señor ha resucitado verdaderamente. ¡Feliz Pascua de Resurrección a todas las familias de nuestra parroquia!»







